Yayoi Kusama al desnudo en el Reina Sofía

Esta es una de esas oportunidades magníficas y mágicas que invita a disfrutar y dejarse seducir por la creación de la artista japonesa Yayoi Kusama, gracias a la exposición que ha organizado el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid en colaboración con la Tate Modern de Londres. Hasta el 12 de septiembre, la pinacoteca madrileña invita a contemplar la retrospectiva monográfica más completa sobre la artista japonesa desarrollada hasta el momento. En España esta invitación tiene una doble importancia ya que es la primera oportunidad que tienen los ciudadanos de conocer de primera mano la riqueza visual de la artista viva con mayor prestigio de Japón.

Accumulation of Corpses (Prisioner Surrounded by the Curtain of Depersonalizacion), 1950. Óleo y esmalte sobre tela de saco. © Yayoi Kusama/ The National Museum of Modern Art Tokyo. Cortesía: MNCARS.

Bajo el comisariado de Frances Morris, la exposición muestra la amplitud y profundidad de la creación de Kusama, haciendo un mayor hincapié en los momentos en los que la artista ha desarrollado una innovación más intensa, a través de una selección de 150 piezas que acercan al público los diferentes materiales y técnicas desarrollada por esta creadora, desde la pintura, al collage, pasando por las instalaciones, las performances, la edición y el diseño. “Esta exposición se centra -afirma Frances Morrisen los momentos en los que trabajó por primera vez con determinados lenguajes, que se reflejan tal y como eran cuando surgieron absorbiendo todas las energías creativas de la artista”.

Yayoi Kusama en su estudio, Tokyo 2009. © Yayoi Kusama Studio. Cortesía: MNCARS.

Accumulation No.2, 1962. Sofá, tela de relleno, yeso y pintura. © Yayoi Kusama/ Hood Museum of Art, Darmouth Collage, Hanover. Cortesía: MNCARS.

A lo largo del recorrido, el visitante va a descubrir los primeros trabajos en papel de la artista, raramente expuestos, series menos conocidas, como sus collages fotográficos alucinógenos, así como sus proyectos más elogiados y significativos, como Infinity Net (1960-1970) o  Accumulation Sculptures (1960-1965). La exposición también incluye varias instalaciones en gran formato y un montaje diseñado por la artista expresamente para el museo, así como documentales con algunas de sus performances más polémicas, como Walking piece (1966), y una amplia documentación gráfica.

Vista de la exposición en una de las salas del Reina Sofía. Foto: © Joaquín Cortés/ Román Lores. Cortesía: MNCARS.

Love Forever Collage, 1966. Fotocollage sobre papel. © Yayoi Kusama/ Amy Gold y Brett Gorvy. Cortesía: MNCARS.

Kusama pertenece a una serie de mujeres artistas importantes e influyentes que, curiosamente, consiguió el reconocimiento del mundo artístico masculino del Nueva York de las décadas de los 50 y 60. Con el deseo de liberarse de las costumbres y convenciones conservadoras de su familia y de la sociedad japonesa, Kusama se trasladó a Kioto para estudiar arte. En 1958 decidió dar un giro radical a su vida y se mudó a Nueva York para trabajar como artista, de hecho la propia artista ha afirmado en su autobiografía que: “Para un arte como el mío –arte que combate en la frontera entre la vida y la muerte y que cuestiona lo que somos y lo que significa vivir y morir- [Japón] resultaba demasiado pequeño, demasiado servil, demasiado feudal y demasiado desdeñoso con las mujeres. Mi arte necesitaba una libertad más ilimitada y un mundo más amplio”.

The moment of Regeneration, 2004. Tela cosida, poliuretano, madera y pintura. Foto: © Yayoi Kusama/ Victoria Miro Gallery. Cortesía: MNCARS.

Self-Portrait, 1972. Collage, pastel, bolígrafo y tinta sobre papel. © Yayoi Kusama. Cortesía: MNCARS.

Y en este compromiso tan fuerte con la creación y la vida, Kusama ha desarrollado un lenguaje creativo de gran riqueza. Sus primeras pinturas y dibujos fueron de inspiración surrealista, pero siempre bajo su propia mirada. Esos lienzos enormes o, como llegaron a llamarse, Infinity Nets, estaban cubiertos por pinceladas festoneadas de un solo color, repetidas sin cesar, con lo que se anticipaba al nacimiento de la pintura monocroma y al surgimiento de las técnicas de series, propias del arte minimalista y conceptual de la década de 1960. Este primer trabajo le abrió las puertas hacia la escultura y las instalaciones, adoptando técnicas de montaje y escultura blanda, y, posteriormente, Kusama se introdujo en las pinturas infinitas, que han marcado su carrera, así como en los objetos y ambientes cubiertos de falos o de macarrones, con los que la artista reflexiona sobre el sexo y la comida, sus habitaciones de espejos, sus collage de fantasía y fotomontajes, sus proyectos de películas y proyecciones de diapositivas y el montaje de performances radicales y contraculturales.

Flower Bud No.6, 1952. Tinta y pastel sobre papel. © Yayoi Kusama. Cortesía: MNCARS.

Un punto de inflexión en su carrera fue su vuelta en 1973 a Japón, consecuencia de la pérdida del apoyo de la crítica norteamericana, la pobreza y  su enfermedad mental. En su tierra, la artista empezó de cero y ha continuado reinventándose —como novelista, poeta, pintora y escultora—. Desde 1977 crea sus obras en el Hospital de Tokio, donde vive, pero también desde su estudio, ampliando sus «ambientes», instalaciones de gran formato y gran intensidad.

 

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