Matadero Madrid con PHE: más allá de la estética

El espacio ofrecido por el Matadero Madrid presenta el trabajo de tres artistas: Ajo, Susana de Sousa Dias y Carlos Rodríguez-Méndez. Se trata de tres creaciones que en apariencia sólo comparten el tema del festival: El Retrato, pero que profundizando un poco más se percibe un mismo denominador: la originalidad y el alma puesta. Durante la presentación, los artistas coincidieron en que se trata de proyectos que van más allá de lo estético y que, a pesar del factor impactante de sus muestras, están queriendo contar historias.

Un momento de la presentación de las tres exposiciones por los artistas y comisario de PhotoEspaña. Foto: © Patricia González.

La primera obra expuesta es la de Ajo, un proyecto fotográfico concebido como un álbum personal que pretende preservar el recuerdo de todos los que pasaron por el teatro madrileño Alfil, en el que trabajó como taquillera durante más de una década. Las imágenes analógicas fueron tomadas desde un mismo ángulo, el marco de la taquilla, donde no importa la calidad sino el significado que pretenden transmitir, así como su composición. La artista da una lección de cómo se puede crear una narración llena de vida, sin necesitar más que una cámara fotográfica y ganas de contar.

Ajo durante la presentación de la exposición. Foto: © Patricia González.

Dejando atrás el intimismo de dentro hacia a fuera que propone Ajo, se encuentra 48, el trabajo de Susana de Sousa Dias. Su obra consiste en una filmación de fotografías que fueron tomadas a la fuerza por la policía durante el régimen dictatorial de Antonio de Oliveira de Salazar en Portugal. Para su realización, habló con más de un centenar de presos políticos y, de forma inevitable, escuchó sus escalofriantes vivencias de esa época. 48 partió de una certeza: la posibilidad de contar una historia del régimen tan sólo a través de estas imágenes. La reproducción se congela por silencios estremecedores que crean el espacio cinematográfico de la película y que hacen sentir la propia presencia corporal de cada uno de los ex prisioneros en la actualidad.

Ariadna Gil, 1999, © Ajo. Cortesía: PHE.

Carlos Rodríguez-Méndez, por su parte, titula a su trabajo: Hombres sentados. Para su realización el artista solicitó a personas mayores de 70 años residentes en Madrid que emitieran un sonido ininteligible durante un minuto mientras les fotografiaba y grababa en video desde un plano cenital. Si algo caracteriza esta peculiar exposición es la incertidumbre visual y psicológica que provoca al espectador. Superficialmente inocuo, aunque interiormente cargado de una agudeza crítica, Rodríguez-Méndez intenta evidenciar la tensión entre la simbología del gesto artístico y la rigidez del estado mental, a la vez que cuestiona los límites de la autoridad y se dirige a su núcleo: la inmovilidad del cerebro.

Fotograma de 48, 2009, © Susana de Sousa Dias. Cortesía: PHE.

Los tres autores consiguen, gracias a sus arriesgadas presentaciones, que el público quede cuanto menos sorprendido y es que, a través de las personalísimas miradas de los tres artistas, se refleja que, a pesar de que la instantánea de un rostro es un tema muy recurrente, se puede seguir siendo poco usual e innovador: Ajo, desde el marco de una taquilla, Sousa Días, dotando de una increíble sensibilidad a sus 93 minutos de filmación y Carlos Rodríguez-Méndez en su serie de vídeos grabados cenitalmente.

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